Cuando bajó del avión lo supo: supo que aquel escalofrío que le había recorrido el cuerpo, esa humedad que se estaba asentando en cada uno de sus huesos, no desaparecería hasta que volviese a casa.
Por delante se extendía el largo pasillo, largo como los meses que tendría que estar allí, en un mundo que por ahora era extraño, pero que pronto se convertiría, quizás a su pesar, en el suyo propio.
Volvió la cabeza, y vio todo lo que dejaba atrás: vio los cielos azules, los blancos edificios donde el sol se reflejaba, vio el coche rojo, destartalado, la cama deshecha, la luz encendida... pero sobre todo, vio a su gente, a aquellos que en tres años, o quizás en 15 días, se habían hecho un hueco en su vida. Pensó en la extraña situación que dejaba, en esos ojos marrones, quién supiera a quién pertenecían, en lo que había pasado sólo dos días antes, en su extraña manía de huir cada vez que su vida se ponía interesante.
Y miró hacia delante, y solo se encontró un estúpido pasillo, de plástico desgastado, decadente, con moqueta gris plagada de manchas de humedad por la que corrían a toda velocidad los demás pasajeros, tirando de sus maletas de mano, como si hubiese realmente una meta a la que llegar antes que el resto.
Respira, ya queda menos
1.12.2008
11.12.2006
La escalera hasta la ventana
Para aquellos incautos a los que la providencia os ha acercado hasta este rinconcito del universo, bienvenidos.
No nos conocemos, no sabemos nada los unos de los otros, pero sinceramente, eso no me importa. No importa que no sepa quienes sois, si es que sois alguien, y no importa que vosotros no sepais nada de mí, porque para lo que nos ha traído hasta aquí, no hace falta.
Éste será, a partir de ahora, un mundo distinto, un mundo de sueños, de retazos de realidad que nunca existió, de acciones que no tuvieron lugar, y que nacerán y morirán limitadas por la acongojante claustrofobia de las palabras.
Así que a vosotros, viajeros de estos oscuros mares de cuadernos de bitácora, a vosotros os dedico todo lo que salga de mi pluma, para que lo pateéis, lo critiquéis, lo desterréis al desierto de la indiferencia, o por el contrario lo elevéis a las puertas del Olimpo.
Subid por la escalera, no tengáis miedo de lo que os vais a encontrar al traspasar el alféizar de la ventana
No nos conocemos, no sabemos nada los unos de los otros, pero sinceramente, eso no me importa. No importa que no sepa quienes sois, si es que sois alguien, y no importa que vosotros no sepais nada de mí, porque para lo que nos ha traído hasta aquí, no hace falta.
Éste será, a partir de ahora, un mundo distinto, un mundo de sueños, de retazos de realidad que nunca existió, de acciones que no tuvieron lugar, y que nacerán y morirán limitadas por la acongojante claustrofobia de las palabras.
Así que a vosotros, viajeros de estos oscuros mares de cuadernos de bitácora, a vosotros os dedico todo lo que salga de mi pluma, para que lo pateéis, lo critiquéis, lo desterréis al desierto de la indiferencia, o por el contrario lo elevéis a las puertas del Olimpo.
Subid por la escalera, no tengáis miedo de lo que os vais a encontrar al traspasar el alféizar de la ventana
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