2.16.2009

Luz de Gas

La luz tenue que invadía el local resaltaba la palidez de mi piel de una forma extraña; casi podía encontrar tintes azulados en aquel dorso que observaba como si no fuera el mismo que me acompañaba desde siempre.
El camarero me trajo la copa, con cuatro hielos que tintineaban en un vaso bajo… bebida de hombre, pensé mientras me llevaba el alcohol a los labios. La verdad es que en otra época nunca me hubiera planteado una bebida tan fuerte… supongo que tenía que empezar a hacerme a la idea de que al final todo terminaba siendo como debía ser.

La música cambió, ni siquiera me había fijado en la canción que había estado sonando antes, pero me resultaba imposible no poner toda la atención en la suave melodía que llegaba ahora a través de… ¿un hilo musical? Sí, eso parecía. Aunque en realidad ni siquiera levanté la cabeza para investigar de dónde llegaba. Me era suficiente con tenerla, así, de fondo, mientras seguía hablando en silencio con mi mejor amigo, el vaso que poco a poco llenaba de suaves gotas sus paredes.
Las observé, pasé el dedo sobre ellas, y pensé que se parecían demasiado a las que se solían formar en la piel de Miguel después de un par de horas de juegos y caricias, la que veía a pocos centímetros cuando lo abrazaba en medio de una pasión descontrolada, la que siempre iba acompañada de aquella respiración entrecortada que… no, no podía pensar en eso ahora.
Volví a coger el vaso, esta vez pegando un trago largo, como intentándomela acabar, deseando que el alcohol hiciera efecto más rápido que otras veces, luchando contra el frío que se apoderaba de mi garganta.

-Hola preciosa – una voz profunda, como rota por años de tabaco, de un cigarrillo detrás de otro, me saludó desde la derecha de la barra.
Giré la cabeza y forcé una sonrisa seductora, una que sabía que no me fallaba nunca, la más interiorizada, y es que tenía claro que esta noche debía ir sobre seguro, no podía arriesgarme con actuaciones que no tuviera lo suficientemente ensayadas.
-Hola guapo.

Intercambiamos un par de frases más sin sentido, de esas que olvidabas nada más escucharlas, ni siquiera creo que las escuchara en serio. Sólo presté atención a lo que decía hasta que movió su taburete arrastrándolo ruidosamente por el suelo para sentarse muy cerca de mí. A partir de ese momento, su voz se convirtió en un zumbido más de los muchos que poblaban el bar, y me dediqué a observar al que se había convertido en mi compañero circunstancial, al menos por esta noche.
Era de mediana edad, mayor que yo, aunque eso no era difícil, quizás de la edad de Miguel, de rasgos duros, con la cara redonda, lo que le daba un aspecto de niño que chocaba con la barba de tres días que asomaba, la cara de Miguel era mucho más proporcionada, los labios mucho más finos, y casi nunca llevaba barba, aunque sabía que a mí me encantaba… quizás incluso ese fuera el motivo de que no la llevara.
Era atractivo, nada del otro mundo, me supongo, o no estaría en un tugurio como éste ligando con almas perdidas que no encontraban refugio más que en lugares oscuros con músicas de otro tiempo, pero tampoco era de los peores. Incluso podía permitirme el lujo de no pensar en otro… aunque sabía que una cosa era decirlo, y otra muy diferente borrar de mi cabeza las imágenes de mil y una noches, las sensaciones, la realidad de los sentimientos que superaba con creces la ficción de una noche irreal.

Su mano se posó en mi muslo, y me acarició por encima de la media. Mi primer impulso fue levantarme, escapar, pero me frené a mí misma, convenciéndome de que debía seguir sentada, seguir sonriendo, seguir siendo el personaje.

Supongo que entendió mi reacción tal y como yo pretendía que la entendiera, porque pronto se acercó a mi oído, y apretando su mano sobre mi piel, me susurró palabras a las que no hice caso, que sólo fueron la oportunidad que esperaba para girar la cabeza y probar aquella boca que, efectivamente, me respondió devolviéndome un extraño gusto a tabaco y whisky, un sabor que abrió una compuerta llena de recuerdos, que me obligó a aferrarme con más fuerza a aquel cuerpo desconocido, que me forzó a tragar las lágrimas que amenazaban con arruinar aquel estúpido momento placebo, mientras mi cabeza sólo podía repetir…

-Miguel… Miguel… Miguel

3 comentarios:

BeN-HuR dijo...

[No tengo palabras ... creo que ya se quien me las robo, y todo apunta a ti]

Miguel [...] se que solo existe un nombre de mujer pero hay tantos de caballeros andantes con lujosos torreones con vistas a algún descampado [...]


Yo me quedo con mi paladar y el sabor que me produce el suyo [...]




PReCioSo, UNICO, CoMPaRTiDo

BeN-HuR dijo...

Un saludo desde CANTABRIA

BeN-HuR dijo...

Se añoran tus palabras dentro de esas historias de amor y des´encuentros [...]



Pasate por mi blog, hay un premio para ti xD




Un saludo desde CANTABRIA